Ana Teresa Toro se estrena como escritora independiente  

Picture“Hay que seguir encontrando imágenes, historias, ficciones o relatos de la realidad que ilustren nuestra situación para entendernos mejor”

Por: Alejandra Rosa Morales
25 de octubre de 2015
Foto: A. ROSA MORALES


​La periodista se integró este año a la plantilla de escritores invitados del Festival de la Palabra, tras la publicación de sus dos primeros libros.








​Para entender la relación de Ana Teresa Toro con las letras, hay que regresar a su punto de partida. A la responsable de que aprendiera a escribir en cursiva, desde antes de cumplir sus cinco años de edad. A su abuela. La misma que la instaba a memorizarse los poemas que, según le cuenta su madre, recitaba, sobre latas de galletas que eran sinónimos de tarimas improvisadas.
 “El mundo de abuela era un mundo de telas y de letras.”, recuerda la periodista aiboniteña, quien se estrenó este año como escritora independiente. Durante su niñez, solía sentarse en el sillón de mecer de su abuela y perderse entre páginas. Desde entonces, la joven de 31 años lleva consigo una mecedora a todos los espacios que habita. Para leer. Para sentir. Para entender mejor.
 
De la ficción al periodismo y viceversa
 

Toro guarda relación con el Festival de la Palabra, desde que la idea del evento rondaba a Mayra Santos Febres, quien en ese entonces, fungía como su profesora, en la Universidad de Puerto Rico. Este año, además de ver su nombre junto al de autores locales e internacionales, en el programa del evento, participó del panel “Crónica de la desinformación”, llevado a cabo el pasado domingo, en el Viejo San Juan.
 
Durante sus años de universitaria, “Ana Té”, como la llaman cariñosamente sus allegados, escribía obras de teatro. En ese mismo caminar, la aficionada a la lectura se enamoró del periodismo. De su adrenalina. De eso que llama “narrar el cuento que es de verdad”. Se alejó entonces de la ficción y se adentró, por más de diez años, en el campo periodístico. Mas con la llegada de su primera novela, Cartas al agua, regresa al lente ficcional.
 
“La novela estuvo guardada un tiempo, hasta que Rafael Acevedo me preguntó: ¿cuándo tú me vas a enviar tu novela?”, pregunta que la sorprendió, pues a nadie le había comentado que tenía grabada una novela en sus archivos. Tras Acevedo, editor de La Secta de los Perros, leer Cartas al agua, le confirmó a la cronista que publicarían su texto.
 
Cartas al agua

 
Cuando Cartas al agua nace, Toro vivía ese sentido de desorientación que deja la muerte a los vivos. Un luto pesado que invade el cuerpo y roba sueños. A la ausencia física de su abuela paterna, se le sumó un mal amor. Cartas al agua, confiesa, nació entre insomnios.
 
“La manera de purgar todas esa experiencias era levantarme, cuando me daba cuenta de que no iba a lograr dormir. Y escribía, de 4:30 de la mañana a 8, todas las mañanas, todas las mañanas...”, recuerda.
 
Cuenta la periodista que, el pasado junio, cuando tocó el libro por primera vez, cuando lo agarró, sintió un gran alivio. “Fue una sensación de, ¡ah, así es que se acaba el luto! Así es que tú entierras tus muertos…La muerte es un silencio muy grande. Quizás, traté de llenar ese silencio con palabras”, apunta.
 
En Cartas al agua, acompañas a partir del mar. ¿Por qué el mar como punto de partida?
 

Pues eso, ¿sabes qué?, todavía me lo estoy preguntando. Ya tengo algunas ideas… Cuando yo escribí esa novela vivía en el Condominio La Puntilla. Cuando vivía allí, escribía en la mesa del comedor y tenía detrás de mí una ventana que daba para el muelle, para la entrada y la salida de los cruceros. Entonces, escribí esa novela con el mar al lado… Fue una gran lección de cómo, aunque uno no lo quiera, el espacio se te mete.
 
Segundo, porque a mí me importa mucho entender lo que le hace a una persona la experiencia isleña y la experiencia colonial… por ejemplo, por qué dudamos tanto  que somos capaces de “x, y o z” cosa, cuál es nuestra relación con el horizonte… todas esas cosas nos marcan como país, como individuo, y me interesa mucho pensar sobre eso, para tratar de entenderlo, para tomar mejores decisiones.
 
Y en tercer lugar, hay una cosa entre el mar y la espera… sintonizar con el ritmo del mar yo creo que nos calma, nos serena y nos permite conectar con algo más profundo… El mar siempre trae cosas.
 
Yo creo que me sentía… viviendo en Puerto Rico, esperando que algo llegara del agua …y creo que lo traté de hacer aparecer, ya que no llegaba. (Soltando una sonrisa de esas que parecen salir desde el pecho)
 
¿Qué es al agua para Ana Teresa Toro?
 
Hay un verso de Santa Teresa de Jesús  bien sencillo que dice: “Hay que mirar lo que es el agua”. Y yo creo que el agua es como un gran cementerio de vida. El agua es…es el yo. Lo divino. No sé, creo que es imposible saber, pero hay que mirarla, hay que seguirla mirando...
 
Cuando Ana Tersa piensa en voz alta sobre las significancias del agua, la vibración de su tono de voz cambia. Su volumen baja y contrasta con su mirada, que se eleva, como para hilar palabras con los ojos, a partir del aire.
 
Al final de Cartas al agua, el personaje de Marcela concluye: “… no hay a dónde ir, porque cuando llueve sobre el mar, es como si aparecieran las rejas aguadas y mágicas de esta Isla”. ¿Cuáles son las rejas del puertorriqueño?
 

En términos de los ritmos del mundo, nuestro ritmo es distinto… Me atrevería a decir que llegamos súper temprano a la globalización, a la experiencia de la influencia neoliberal y capitalista de los Estados Unidos. Lo que quiero decir, no es que estamos atrás, sino que nuestro ritmo es otro. Si esa reja es buena o mala, no creo que lo sepa.
 
Por otro lado, creo que tenemos una reja clara, nuestra situación política nos impide el pleno desarrollo… Curiosamente, esa reja no nos ha impedido el desarrollo de
nuestra cultura… seguimos trascendiendo en otros campos. Una vez me dijo Eduardo Cabra “el gran petróleo de Puerto Rico es la música”, y es así… rompemos una gran reja y llega la otra.
 
Y esa gran reja, ahora que lo pienso, está en el mar… nuestra seguridad alimenticia está en los barcos… nuestra capacidad de crecer económicamente, como país, depende de una ley que establece que solo podemos comerciar con barcos estadounidense. Entonces, he ahí otra reja que llega del agua. Y habrán otras, que iré descubriendo.
 
Narradora “del micro al macro”
 

“Me interesan las historias sencillas, lo común. Si tengo que escoger entre entrevistar al gobernador y entrevistar al chofer del gobernador, prefiero entrevistar al chofer. Y no que tenga nada de malo entrevistar al gobernador, sino que me interesa lo pequeño… A veces pienso que intentando abarcar el gran relato se pierde el relato”, reflexiona.
 
Bajo esa consigna, Toro acaba de publicarse su antología “Las narices de los perros”, con Ediciones Callejón. Una colección de crónicas que, según Edgardo Rodríguez Juliá, autor del prólogo, “es de una riqueza solo posible en una escritora de alerta a la sociedad y cultivadora de su propio temperamento”.
 
“Es un intento de contar la experiencia de ser puertorriqueño en el 2015, desde el periodismo cultural... Traté de mirar al país, mirarme a mí…y contar esas contradicciones”, explica la autora.
 
No se vislumbra alejada del periodismo
 
“Quiero volver a escribir periodismo pero me gustaría ahora alejarme un poco de la producción cultural… Me están llamando los temas sociales… Quiero tratar de contar otros temas”, comenta.
 
Toro guarda la ilusión de volver a la dramaturgia y espera escribir más ficción. Planifica retomar, el próximo año, el desarrollo de su segunda novela, la cual, adelanta, será sobre el cruce entre la última presa política puertorriqueña y una periodista.
 
“Estoy como regresando a todas partes, con mucho temor pero a la misma vez con pocas pretensiones. Yo lo que quiero es acompañarte. Si te acompañé, eso es suficiente”, concluye la escritora, quien redactó su primer texto en Aibonito, frente a un monitor azul, cuando su maestra de segundo grado le pidió que escribiera un párrafo.
 
Decidió apalabrar una montaña y cuando acabó, sintió que “había hecho algo importante”. La descripción de aquél regalo elevado de tierra fue el primero de sus trazos como escritora, trazos que planifica seguir redescubriendo. Quizás en Puerto Rico. Quizás en otro contexto, pero eso sí, siempre acompañada por su sillón de mecer.