Mayra Santos Febres “La amante de Gardel”


Por: Julianie Pérez Ortiz
Foto por : Ivana P. Alonso, Alejandra Sofia de la Torre. 

 
Puros halagos dieron inicio al diálogo, y es que quién no admira a Mayra Santos Febres. Con una breve descripción sobre ella, su colega Edurne Portela, comenzó la presentación de la más reciente novela de nuestra gran dramaturga puertorriqueña, “La amante de Gardel”. Esta exposición no era una cualquiera, así lo expresó la propia autora y así lo reflejaba su rostro. Significaba mucho. Fueron seis años los que tardó en ser una de las escritoras que presentara una obra en el Festival de la Palabra, evento que fundó y del cual es directora ejecutiva.
 
“Mi nombre es Micaela Thorné y soy una mujer que recuerda”. Con estas palabras comienza el libro. Micaela recuerda esos 27 días que pasa con Carlos Gardel en Puerto Rico, días que vive siendo su enfermera y su amante. Charles Romuald Gardè, nombre verdadero del cantante, compositor y actor de cine francés, llegó a la Isla en 1935 y como de costumbre causó un sorprendente revuelo, y es que el Zorzal Criollo, como se le conocía, enamoraba a cualquiera con su cálida y melancólica voz. Su estadía en suelo boricua se ve interrumpida por problemas arraigados a su enfermedad secreta y es por eso que conoce a la joven negra estudiante de enfermería y descendiente de una larga estirpe de curanderas. Micaela recuerda esos 27 días de lujos e intenso romance, pero que sobre todo la hicieron más consciente de las limitaciones que le imponía la sociedad en la que vivía, siendo pobre, siendo mujer, siendo negra. Un tango melancólico, complejo por su riqueza, posible por el increíble talento narrativo que tiene la novelista natural de Carolina. Así describió esta obra su compañera, la escritora española.

Luego de agradecer a Arturo Yepes, caricaturista que la ayudó mucho durante su investigación, Santos Febres pasó a leer unos pasajes de la novela que serían los que darían pie a discutir la creada dualidad del personaje protagónico. Portela expresa que “Micaela es una protagonista compleja, llena de matices, fuerte y al mismo tiempo vulnerable, ambiciosa, luchadora, valiente, quien en algún momento quiso vivir, quiso volar, quiso ser alguien, pero la vida la vuelve fría y al final de sus días es una mujer invadida por la melancolía y las resonancias de deseos insatisfechos”. La vida de esta muchacha es una lucha constante entre la deuda que sentía con las mujeres de su familia y los deseos de ser otra mujer, esto arraigado a la construcción del sujeto en la sociedad tradicional y el sujeto en la modernidad, según explica la también catedrática de la Universidad de Puerto Rico. Explica que vivimos en una sociedad en el que la mujer siempre ha vivido para la familia, para el marido, para los niños, y su deseo siempre es el último en la lista. Ahora en la modernidad es como si a la mujer se le diera permiso a hacer tal cosa, siempre y cuando cumpla con todos sus demás “deberes”, entrando al debate de tener que decidir entre ser madre o profesional. “Esta tensión de la modernidad a mi particularmente me da mucha tensión y me ha hecho entrar al tabaquismo”, dijo Santos Febres en tono jocoso. “Esas tensiones yo las buscaba en las novelas que escribían las mujeres, los hombres, y no las encontraba, así que decidí escribir una donde eso fuera la tensión del medio de la novela. Es una mujer que se está debatiendo entre ser una gran profesional, una gran persona y ser una mujer, y para colmo negra”, añadió.

¿Por qué era para ti importante contar estos días de Gardel en Puerto Rico?, se le preguntó. “A mí me encanta trabajar la novela histórica porque yo pienso que la historia es un cuento acerca de los deseos de la gente, no siempre es el cuento de lo que realmente pasó. Entonces tú tienes este mito fabuloso que es Gardel que aguanta los deseos de todo el mundo”, contestó. Santos Febres asegura que ella se enamora de la gente, y así lo reflejan sus ojos al contar la complicada y maravillosa vida de Gardel con una pasión y un frenesí que explica por qué escribió esta historia y el por qué este hombre termina siendo su próximo eco. Hace un análisis de su persona, de sus raíces, de su entorno, y de como siendo de esa manera mantiene una relación con una puertorriqueña que aunque tiene aspectos de su vida parecidos a los de él, sobre todo tiene muchos que contrastan. “Las identidades son todas fabricadas y eso es algo que a mí me gusta mucho explorar”, terminó diciendo.

Luis Felipe Lomelí, escritor mexicano que también se encontraba en la mesa de discusión, trae el tema de como Micaela y Gardel son dos personajes excluidos que tienen que estar tranzando durante toda la novela para poder ingresar a esta modernidad y a esta sociedad que les venden como la que tiene que ser y explica el cuestionamiento que hay a lo largo de la novela de lo que se transa, lo que se pierde y lo que se gana con este intercambio.

¿Qué pierden para poder ser en este mundo?, preguntó el también doctor en filosofía de la ciencia. Santos Febres indica no tener respuesta, pero expone el cómo esa pregunta da paso a la interrogante con la que finaliza la novela. ¿Será acaso la soledad lo que nos queda a las mujeres si queremos ser sujetos? ¿Será que tenemos que renunciar a cualquier tipo de amor? Consecuentemente nos cuenta acerca del terror que ella le tenía a la soledad, motivo que la llevó a escribir esta novela, y así vencer ese miedo. Julia de Burgos murió por eso, enfatizó. Esta poeta puertorriqueña, una mujer extraordinaria y exitosa falleció a sus 39 años de borracha estando en Nueva York. “Ella misma se mató. La gente dice que por amor. Mentira. Mentira porque ella es de Carolina y las mujeres de Carolina no nos morimos de amor”, dijo. “Y es por esto que la novela termina con una pregunta. Yo apuesto a otra cosa. Me di cuenta que no es verdad, que no nos van a cobrar con soledad. Miren cuanta gente hay aquí, yo no estoy sola”, y con estas palabras seguidas por un sinfín de aplausos, culminó su presentación.