El otro del lector: el escritor 

Por Ivonne Nieves Dávila 

El escrito no es solamente producto del autor sino que está influenciado también por lo que suceda alrededor de él y en el lugar donde vive al momento en que escribe, esto concluyeron los escritores Liliana Ramos Collado y Francisco Goldman en el primer Diálogo: conversan dos en el lugar del otro del Festival de la Palabra.

“Es la mezcla de memoria oculta e imaginación la que le va dando forma”, dijo el escritor estadounidense al referirse del acto de creación de una novela suya.

Según Ramos, es la otredad inmersa en él la que le brinda tanta riqueza a sus  escritos; ya que sus dos puntos de vista, en uno, crean una mezcla de contradicciones paralelas.

Goldman es hijo de un padre judío ruso y una madre guatemalteca católica, además vivió en Estados Unidos, Guatemala y ahora México, hechos que fueron utilizados por Ramos como muestra de esta diversidad.

El autor de “El arte del asesinato: ¿Quién mató al obispo Gerardi?”, explicó que es la realidad la que, en muchas ocasiones, supera la ficción. “La violencia la encuentras en las noticias todos los días; imposible que un escritor escriba algo más aterrorizante que de la desaparición de 42 estudiantes en México”.

Es por esto que ambos escritores estuvieron de acuerdo en que no todos los temas y experiencias se pueden redactar con los mismos géneros literarios.

Sin embargo el hecho de realizar unos escritos para que el público lea no debería implicar una responsabilidad social, que él autor no quiera asumir. “Sería abusivo imponer una responsabilidad sobre el escritor”, dijo Ramos y aclaró que escribir está protegido por el derecho a la libertad de expresión de la Constitución de Puerto Rico, por lo que no debería automáticamente añadírsele este peso. 

La escritura como salvación

No obstante existen momentos en que la escritura también funge como método de liberación de las situaciones que experimentan los escritores como fue la trágica muerte de la esposa de Goldman en el 2007 que lo condujo a escribir “Di su nombre”.

Luego de que su esposa muriera, dos años después de casarse, confiesa que no es fácil superar una perdida. “Un abismo es algo muy peligroso, te puede comer”, por lo que ese vacío que deja debe ser llenado con algo. Según explicó, en su caso un libro era su remedio perfecto.

Sin embargo hay sucesos en la vida de los escritores que no se pueden relatar tan rápidamente, como es el caso de una anécdota jocosa que compartió respecto a su primer beso, porque requieren que el escritor evalúe y entienda el suceso.  “Mi primer beso fue a los 14 años y el resultado fue un acto de bullying que me traumatizó hasta cuatro años después”, comentó para sustentar su planteamiento.

No obstante, aunque Ramos, catedrática de la Escuela de Arquitectura de Puerto Rico, considera que hay momentos en que la escritura es un acto de expresión, cuando el propósito es académico, dice escribir con el fin de que “el estudiante sea libre y haga lo que le dé la gana.”