El laberinto del (des)amor

Por Wilfredo J. Burgos Matos

“El amor es una consecuencia del deseo”.
Antonio García Ángel

De instintos y construcciones culturales, de entradas y salidas laberínticas que nos duelen, de enamoramientos y odio. Esos fueron algunos de los temas que se tocaron en el debate A vueltas con el amor: El deseo y sus laberintos, en el que participaron las puertorriqueñas Miriam Montes-Mock e Irizelma Robles, el colombiano Antonio García Ángel y la portuguesa Ana Margarida de Carvalho, durante el último día de eventos del V Festival de la Palabra.

La actividad, moderada por Ángel Antonio Ruiz Laboy, director de publicaciones del Instituto de Cultura Puertorriqueña y, además, escritor y I Premio Nuevas Voces, se celebró en el Teatro Tapia ante una audiencia que estuvo muy atenta al momento de dialogar cómo el desamor se une a otros temas neurálgicos tratados por los autores en sus obras. 

“Para pensar esta mesa reflexioné sobre Borges y sus laberintos, el Laberinto de la soledad de Octavio Paz, Las Moradas de Santa Teresa y La querencia de Ángelamaría Dávila, para, entonces, llegar a relacionar ese desamor con el tema del dolor que yo trabajo”, indicó Robles.

A su vez, Montes-Mock aseguró que, a pesar de intentar salirse por otras avenidas, siempre cae en el amor, porque es “la célula que nos une a todos”. Recientemente, su mirada está posada en las relaciones amorosas con diferencias de edades marcadas, en la que “una viejita de 87 años puede estar enamorada de un chico de 35”.

Carvalho, de manera jocosa, abrió su participación manifestando que los portugueses no son las mejores personas para hablar del amor. Sin embargo, atrapó el elemento del laberinto para comentar sobre su trabajo literario. “Existen laberintos, pero lo difícil no es salir, sino entrar”.

Por su parte, García, quien tiene problemas con los finales felices, aborda el amor desde las dificultades de consumarlo o, una vez se concrete, desde “las heridas con las que se llega” a una relación.

Entretanto, luego de este acercamiento inicial, Ruiz Laboy dirigió el debate a cómo estos escritores rompieron con el canon a través de sus letras, específicamente desde el tema de la mujer, que durante tanto tiempo fue presentada como objeto del deseo o figura estereotipada.

“Hay que ser realista frente a la naturaleza femenina y así poder romper, pues ya la idea de la mujer exuberante y prostituta casi mítica se ha agotado. Ese es el reto y de eso debe hablar la literatura actual”, manifestó García. 

Montes-Mock prefiere el camino de la introspección, para llegar a la fibra de “eso que es tan difícil de atrapar”, que ella lo ha logrado a través de unas libretas amarillas que funcionan como su diario personal. Por su lado, Robles dejó de escribir del amor para escapar a eso que se esperaba de la mujer y Carvalho se traviste de hombre para describir una relación con una fémina.

Con eso claro, se abrió el espacio a las preguntas del público, para concluir con una breve meditación del amor como construcción cultural o instinto, en la que los autores coincidieron que, a pesar de la naturaleza animalesca que impera en el ser humano, los valores socioculturales funcionan como intermediarios entre racionalidad y deseo.

 

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El escritor y editor Ángel Antonio Ruiz Laboy moderó el debate que revisó la imagen femenina como inspiración.

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Irizelma Robles prefirió no escribir del amor para romper con el canon.

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Ana Margarida de Carvalho, a través de su literatura, prefiere travestirse de hombre para describir la relación amorosa con una mujer.

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Antonio García Ángel tiene problemas con los finales felices, por lo que valora un aspecto más sombrío y real del amor.