Consejos para romper el silencio

Por Rebeca J. Agosto Rosa


En la última noche del Festival de la Palabra, tres escritores se unieron para hablar de sombras, de silencios y de los callados, y así cerrar oportunamente el evento con un llamado a rescatar las voces apagadas por la historia, el mercado y los estereotipos.

En el debate “Las sombras de la historia: la humanidad silenciada”, el peruano Iván Thays dialogó sobre los silencios que se autoimponen los autores en determinados momentos históricos, cuando escribir sobre su país y entender lo que pasa resulta demasiado difícil.  "Hay momentos que no son para escribir sino de ver lo que está pasando, de sentir lo que está pasando y de solucionar lo que está pasando.  Ahí es un momento donde la humanidad está silenciada, y está bien ese silencio,” reflexionó el escritor.

Pero una cosa es la humanidad en silencio de la cual habló Thays, y otra la humanidad silenciada que planteó César Mba Abogo en su elocuente intervención.  El escritor oriundo de Guinea Ecuatorial y residente en España, analizó los silencios que se le imponen a los grupos dominados como consecuencia del imperialismo, la esclavitud y el monopolio del mercado.

“Yo creo que las humanidades que se han visto silenciadas, las que han sido silenciadas contra su voluntad, tenemos que hacer el esfuerzo de darles un sitio en la historia, rescatarlas,” propuso el autor.  En “El porteador de Marlow”, Abogo intentó precisamente encontrar un sitio para un personaje secundario de la novela “El corazón de las tinieblas”, de Joseph Conrad, obra que quería criticar por los estereotipos que transmite de los africanos a pesar de su supuesta denuncia de la esclavitud.  “La forma en que se construye un relato tiene dentro narraciones de poder, y a los grupos dominados se les construye de tal manera en los relatos para que ellos acepten su posición”, añadió.

Para finalizar el debate, la puertorriqueña Carmen R. Marín explicó que a pesar de que las mujeres ya no están tan excluidas de la escritura como en otros tiempos, aún tienen que romper con los silencios que les imponen las expectativas de los demás.  “No tiene que escribir la mujer para tratar de hablar por todas las mujeres, de representar a nadie, y mucho menos para tratar de complacer etiquetas, en el sentido de que sean impuestas”.

“Yo diría a cualquier mujer que quiera escribir que se olvide absolutamente de todo lo que se espera que ella escriba,” aconsejó Marín, “que escriba sobre lo que quiere, sobre lo que le emociona, sobre lo que la encajona, sobre absolutamente todo lo que la lleve a escribir y que no sea lo que se espera que escriba ella”.