Más allá del Sendero Luminoso

Por Norihelys Ramos

La ganadora del IV Premio a las Américas que otorga el Festival de la Palabra era tímida y escribía para ella porque se atemorizaba de solo pensar en las reacciones que pudieran tener sus lectores. Su desconfianza persistía entre letras e historias hasta el momento en que reconoce el proceso comunicativo y fiscalizador que ofrece la escritura.

En la actualidad, tras compartir sus manuscritos al lector, la escritora Claudia Salazar Jiménez ha creado cuestionamientos sociales y ha visibilizado violencias que no se percibían. Una de sus obras literarias que demuestra a plenitud estos argumentos es la novela, La sangre de la aurora, la cual describió y analizó en un conversatorio en el Teatro Tapia del Viejo San Juan.

La escritora de origen peruano relató que sus recuerdos sobre Sendero Luminoso, lucha armada originada en el 1980 por el Partido Comunista del Perú, fueron suficientes para comenzar a crear esta obra literaria.

“Recuerdo el temor, el miedo, era una especie de cuco (Sendero Luminoso), te podían matar en cualquier momento”, aseguró.

A pesar de la gran cantidad de textos que existen sobre esta organización terrorista, Salazar Jiménez quería rescatar las memorias del cuerpo femenino y darle voz a los testimonios sobre violencia a la mujer, aberraciones sexuales y masacres. Su investigación comenzó con 16 mil testimonios, pues deseaba contar historias silenciadas.

“No era sencillo leer esto, era muy fuerte, revisaba los archivos un par de horas y no podía más. Pero, más intenso era escribirla, tenía que dejarla porque emocionalmente me cargaba”, confesó la catedrática de Sarah Lawrence College.

La sangre de la aurora está hecha para un lector atento, ya que no representa únicamente la vida sufrida de tres mujeres. Por el contrario, demuestra que la opresión y el maltrato a la mujer existía desde antes que naciera la lucha armada y que persistía luego de haber finalizado los ataques de Sendero Luminoso.

Hacer memoria y reabrir heridas demostró que la desigualdad social, la pobreza y la falta de educación sometieron a la mujer a un rol de campesina, pura, inocente, madre y amante. Sin embargo la autora confirma que “las mujeres no son víctimas, son sobrevivientes”,  por eso encarna las verdaderas acciones sociales femeninas en las protagonistas: Melanie, Modesta y Marcela.

Peruanos en Puerto Rico

Tan pronto culminó el conversatorio, que fue moderado por la periodista Tatiana Pérez Rivera, alrededor de 10 peruanos se dirigieron a la parte posterior del teatro, para adquirir la novela y recibir la firma de la escritora.

Salazar Jiménez, con entusiasmo y alegría, se tiraba fotos y coordinaba con sus hermanos de patria un encuentro para el fin de semana. Los peruanos no eran familiares ni amigos, simplemente unos conocidos que compartían sus experiencias y raíces.

Ante esto, Marlene Jimeno Arévalo, vecina hace 38 años del municipio de Cayey, comentó que “para leer la novela tengo que prepararme emocionalmente". "No residí esa etapa en Perú pero sí escuchaba las noticias, sí lo viví desde Puerto Rico; lamentablemente lo sentía”, culminó.

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Claudia Salazar, cuarta de izquierda a derecha, comparte con la comunidad peruana residente en la Isla.