Homosexualidad en voz alta

Por Wilfredo J. Burgos Matos

La tarde caía junto con el calor caribeño. A su vez, los escritores puertorriqueños Luis Negrón, David Caleb Acevedo y Carmen R. Marín se unían al cubano Norge Espinosa y al español José Manuel Fajardo, para el debate En voz alta: Homosexualidad y literatura, que se celebró en Las Arcadas del Paseo de La Princesa, durante el V Festival de la Palabra

En el panel, moderado por Karen Sevilla, poeta y profesora puertorriqueña, los autores tuvieron la oportunidad de detallar su acercamiento a la temática gay, con el fin de reflexionar, primordialmente, sobre el uso de las etiquetas.

“Puede ser una cuestión de mercado, para generar un interés en el que hay razones políticas tras eso o de personas que pensamos que para definir una identidad debemos salir de la invisibilidad”, indicó Negrón, autor condecorado con el Lambda Literary Award por su colección de cuentos Mundo cruel.  

Para Acevedo, éstas son beneficiosas y necesarias para construir el conocimiento, pues gracias a ellas existen sistemas de clasificación y se facilitan los puntos de partida al momento de abordar algún tópico.

Entretanto, de especial interés es el caso cubano descrito por Espinosa, quien aseguró que todavía queda demasiado camino para legitimar la existencia de una literatura de tema homosexual en su isla.

“Allá las etiquetas son inoperantes, porque estamos en un grado de reconocimiento de una comunidad LGBT que está muy invisibilizada, muy distante todavía en cuestiones tan precisas como la de poner lo que se escribe en el marco de una determinada identidad”, manifestó.  

Para Marín, éstas funcionan tanto en librerías como en la academia, pues “todo se reduce a mercadeo”, mientras para Fajardo, el responsable de aunar a los autores en la mesa, la relación entre homosexualidad y literatura se daba desde mucho antes de estos sellos clasificatorios.

Luego de la reflexión sobre este asunto, los escritores compartieron sus experiencias como lectores y sobre cómo se acercaron a la literatura queer.

En el caso de Negrón, el espacio femenino y las novelas que rescataban lo doméstico le abrieron un mundo de oportunidades de lectura. Mientras, a Acevedo, autores como Christopher Isherwood y Susan Sontag ampliaron sus posibilidades.

Espinosa explicó que por el cambio de régimen, el asunto del homosexualismo en la agenda cubana quedó silenciado hasta el punto de considerarse que denunciar a un gay era lo mismo que luchar contra la Revolución. Sin embargo, a pesar del camino rocalloso, las “locas patricias” (José Lezama Lima, Emilio Ballagas y Virgilio Piñera) lograron ocupar el sitial que se le reconoce hoy día en las letras del Caribe insular hispánico.

Por otro lado, Marín encontró su espacio literario al ingresar a la universidad. Allí leyó el canon hispanoamericano, se obsesionó con Ana Lydia Vega y, más recientemente, con Yolanda Arroyo Pizarro, quien “le abrió los deseos de leer”.

Al finalizar, Fajardo, quien nació durante la dictadura franquista, explicó que descubrió la homosexualidad al mismo tiempo en que descubría la heterosexualidad. Entre los textos que más lo marcaron se encuentran La muerte en Venecia, de Thomas Mann y El beso de la mujer araña, de Manuel Puig.

 

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Carmen R. Marín redescubrió el gusto por la lectura con la obra de Yolanda Arroyo Pizarro.

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Para David Caleb Acevedo las etiquetas son necesarias para construir el conocimiento.