El verdadero legado de Julia de Burgos

Por Julianie Pérez Ortiz

 Ante un numeroso público, la escritora Lilliana Ramos Collado rindió homenaje a la poeta puertorriqueña Julia de Burgos, a quien se le dedicó el quinto aniversario del Festival de la Palabra. Su charla magistral, que tuvo lugar en el Teatro Alejandro Tapia y Rivera en el Viejo San Juan, constó de una reflexión dedicada a “Julia en persona”.

“Uno de los temas predilectos de la poesía épica de Julia de Burgos tiene que ver con sus propias dudas acerca de su identidad como escritora, de sus frases como versos, de sus libros como poemarios”, comenzó diciendo la también boricua. Julia no escribe sobre temas novedosos, escribe de los problemas de su persona, o quizás de su otra, a quien por cierto dedica un sinnúmero de versos.

Ramos Collado siempre en busca de cosas que no comprende y que quizás nunca lo hará, se topó un día con la fotografía “insólita, tomada posiblemente en el 1938” de la autora de “Río Grande de Loíza” ubicada en la Biblioteca Nacional del Instituto de Cultura Puertorriqueña. La imagen muestra una Julia con una mirada ausente, apoyando su brazo izquierdo sobre su primer libro “Poema en veinte surcos”. Sin embargo, la foto que se exhibe no es esa, sino una mutilada la cual solo muestra su rostro y su mano izquierda sujetando su quijada “con la falsa elegancia de que nada toca”. Faltaba su cuerpo, su codo izquierdo posado sobre su primer poemario.

“Su rostro ensimismado e indiferente, el brazo derecho sobre la mesa agarrando un libro, un fondo impreciso, borroso, y el cuerpo completamente centralizado en la imagen”, rasgos todos que según la catedrática conforman la imagen verdadera y tópica de la melancolía. Este es un sentimiento que automáticamente brinda desconsuelo a nuestra mente y, más adelante aclara, que no significa tristeza sino que representa a una persona aguerrida, arriesgada, brava, luchadora, peligrosa, amable, una persona con una personalidad compleja y llena de contradicciones. Así era Julia. Cualidades quizás responsables de que fuese extraordinaria.

Fría pero amable, con miedos pero luchadora. Su guerra entre “el yo y yo no” expuesta en su poema “A Julia de Burgos”. Como lo describe Ramos Collado, “una lucha en el fondo del corazón donde cada una de las Julias al ser enemigas de la otra es enemiga de sí misma”. Lucha entre lo que deshace a la Julia señorona y falta de lenguaje contra la otra, la Julia de palabras. Un ensimismo con el que lo único que intentaba era acercarse a la gente como escritora.

El problema continúa siendo lo que representa aquella foto. Una imagen trillada a la cual se ha rendido homenaje muchas veces. Son muchos los años reduciendo su importancia como poetisa a sus pasiones amorosas, al dolor y al supuesto vicio que la llevó a su muerte. Son demasiados años conociéndola únicamente por su biografía. ¿Acaso no es la escritura lo que define a un escritor?

Para finalizar, en sesión de preguntas, el público prefiere felicitar a la autora de “Reróticas” por tan gran homenaje. Agradecida, concluye con una invitación a la lectura de poesía, género que considera el más escrito en Puerto Rico y el menos leído. Exhorta a los puertorriqueños a disfrutar la amplia literatura que atesoramos, sobre todo, la escritura por excelencia de la extraordinaria Julia Constancia Burgos García, su verdadero legado.

 

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Lilliana Ramos Collado junto a su exalumna Waleska Castillo, quien además fue la moderadora de la charla.