Julio Cortázar: un eterno niño 

Por Tomás Mercado Rivera

 Como un niño que invita al lector a jugar con sus palabras. Como un ser que se esparce por todos los tiempos y espacios. Como un literato para todos los que aman leer y viajar en las letras. Así describieron a Julio Cortázar los escritores Karla Suárez y Raúl Aguiar de Cuba, Veroniqué Ovaldé de Francia y Jocelyn Pimentel de Puerto Rico en el  homenaje al artista celebrado durante el V Festival de la Palabra.

En la sala oeste del Arsenal de la Marina en La Puntilla, localizada en el Viejo San Juan de Puerto Rico,  estudiantes, profesores y público en general se reunieron para explicar qué hace al argentino uno de los narradores más reconocidos en la literatura universal. Las razones oscilaron entre la belleza de su prosa y su capacidad para crear sin parar, pero todos coincidieron que la gran fuerza su producción era su habilidad para ver al mundo y reconocer las diferentes identidades que lo componen desde una perspectiva única.  

“Lo leí por primera vez a los 15 años por recomendación de un amigo. Algo sucedió dentro de mí que me dijo que tenía que vivir en un mundo así. Quería verlo del modo que él lo describía. Lo que lo hace diferente es que él se pone en otro ángulo,mira las cosas de formas diferentes. Ve en la simplicidad muchas cosas que los demás no ven”, explicó  Suárez, quien confesó leer la novela Rayuela  anualmente porque siempre tiene algo nuevo que encontrar. 

De igual forma, Raúl Aguiar confesó que la influencia de  la figura del boom latinoamericano ha sido muy resonante en Cuba, especialmente en su escritura. De forma muy jocosa relató cómo ganó el premio de cuento Julio Cortázar al utilizar las técnicas de su ídolo. Además, añadió que uno de los sueños de sus compatriotas es visitar la tumba de este en París e intentar ver la ciudad como la apreciaba él. Este detalle abrió paso para que Ovaldé conversara  sobre el impacto que han tenido en el panorama artístico de Francia los escritos del homenajeado. 

“Lo que encuentro interesante en Cortázar es la mezcla de lo que es la maestría. Son una serie de mentiras como niños porque juega con el lector para quedarse hasta el final. Como editora de los textos que recibía para traducir, siempre me encontraba con una variedad de técnicas. Es interesante ver su visión, que llega a ser la de un arquitecto”, añadió. 

Precisamente para la puertorriqueña Jocelyn Pimentel, quien es graduada de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Puerto Rico,  las obras del argentino mezclan muchas disciplinas como la cartografía, ya que mediante su diversión al vestirse de niño para narrar historias, él traza mapas que ayudan a reconocer los diferentes componentes de la sociedad.  Es por tal razón que la pobreza o la riqueza, el mundo latinoamericano o europeo y la fantasía o la realidad se mezclan en sus relatos para hacer de Cortázar una figura que trasciende generaciones. 

Y, debido a la pasión que sentían por el autor, todos los invitados al homenaje dejaron escapar múltiples anécdotas que los conectan con él. Ya sea el caminar horas sin mapa por un cementerio hasta encontrar en la tumba de Julio una cara feliz o pelear por a quién le pertenecía su amor con la audiencia, todos lo vieron como niños que juegan a leer con inocencia, astucia, pero sobre todo, con los ojos de una leyenda que cambió las formas de escribir en Latinoamérica y el mundo. 

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Carlos Vázquez, Premio Nuevas Voces del Festival de la Palabra.