Conoce a Claudia Salazar, ganadora del IV Premio Las Américas

"¿Tú eres senderista, fujimorista o neutral?". La pregunta se la han hecho directamente a Claudia Salazar aunque igual la escritora peruana lo ha escuchado por lo bajo.

No le molesta. Le complace que su novela La sangre de la aurora provoque lecturas diversas entre sus lectores y que, de paso, le añadan sus respectivos sentires sobre el convulso periodo que vivió Perú en la época en que Sendero Luminoso quiso imponer su filosofía en el país suramericano.

"Me gusta que haya muchas lecturas", comenta Salazar, oriunda de Lima, "hubo gente que leyó el texto como una historia pro Estado, otros como senderista, otros como neutral. Lo importante es que cada lector le pone lo suyo y hace la lectura diversa. Me gusta hacer literatura que incomode, no complaciente, y que el lector se ponga en ella y de ahí salgan todas esas lecturas. Entonces es que explotan los demonios".

La sangre de la aurora, la primera novela de Salazar, resultó merecedora del Premio Las Américas 2014, distinción con la que el Festival de la Palabra resalta la literatura hispanoamericana. La Fundación Plaza Las Américas lo auspicia y otorga $25 mil a la ganadora.

"Yo estoy bien contenta pero trae consigo mucha responsabilidad también. Hay que considerarlo en su justa medida, le da mucha visibilidad a la obra que se hizo con una editorial independiente, Animal de invierno, liderada por Leonardo Dolores. No sé ni cómo o quién la nominó", dijo entre risas sobre el certamen que tiene la particularidad de que solo autores integran el jurado que este año fue copresidido por Fernando Iwasaki y Ángel Darío Carrero.

Integraron el mismo Juan López Bauzá (ganador del año pasado), Marina Perezagua, Liliana Colanzi y Gabriela Alemán.

"Está bueno, la idea es seguir haciendo lo que a uno más le importa: escribir", insiste.

El texto narra la historia de tres mujeres -Marcela, Melanie y Modesta- y reescribe hechos históricos a partir de la memoria del cuerpo. Salazar la escribió entre el 2007 y el 2013, año en que se presentó en Perú, país donde solo se ha distribuido oficialmente. Ya va por su segunda edición.

El texto invoca la memoria y la autora reconoce que cuando eso sucede el proceso trae luchas y disputas con el recuerdo y su percepción actual.

Salazar, que reside en Nueva York hace diez años, presentó la novela en Perú, en Bogotá y en Guadalajara. En agosto lo hará en Córdoba, Argentina.

"En Perú se tomó más el tema del conflicto armado pero en Nueva York, especialmente entre los migrantes que dejaron el país en los años del conflicto, se ha abordado desde el género o la memoria. Ha calado bastante entre los temas de la mujer, la memoria y la guerra".

Porque esta historia, a fin de cuentas, transcurre entre un período histórico de guerra pero lo que salta a primera vista en ella es la violencia contra la mujer que, de paso, no ha variado.

"Del conflicto militar con Sendero Luminoso se ha escrito mucho pero faltaba ese aspecto de la violencia contra la mujer que, por lo general, es la que más sufre en estos conflictos. Faltaba esa mirada sobre todo porque esa violencia contra la mujer se ha mantenido, es la misma violencia cotidiana, estructurada, por eso es importante contarla. Esta es una historia que trasciende tiempos y fronteras. La violencia es el eje de todos los temas".

Marcela, Melanie y Modesta, las protagonistas, pertenecen a distintas clases sociales. "Las tres son sobrevivientes de torturas, malos tratos; la violencia pudo destruir sus vidas. Esa actitud de 'a pesar de todo sigo' las hace sobrevivientes y las hace más fuertes. Pensé desaparecer una, porque eso fue parte de ese periodo, pero estos personajes me pedían seguir viviendo", explica la autora que no se permite generalizar con respecto al universo de vivencias femeninas durante esos turbulentos años.

Salazar era "muy niña" cuando el tuvo lugar el conflicto militar en el Perú de la década del 80 y aún así recuerda "esa sensación de miedo incomprensible".

Pero no fue esa vivencia la que marcó esta historia. Su investigación sobre esos años de guerra trajeron a su atención cuánto se repetían los ataques y las violaciones a la mujer como parte de la lucha.

"Las vejaciones sexuales se repetían constantemente", recuerda cuando revisaba la investigaciones.

"Hay una escena de un ataque así que escribí en la primera versión de la novela y se quedó esa imagen; sentí que la historia tenía que elaborar sobre eso", culmina Salazar.

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Claudia Salazar en Nueva York, ciudad donde reside.