Testimonio de Patricia

Picture

Recuerdo que en 2009, cuando tenía catorce años, me emocioné mucho al enterarme de la existencia del Festival de la Palabra. No pensaba que un evento literario internacional fuera posible dentro de un contexto puertorriqueño, que, en ese momento de mi madurez cultural, me parecía demasiado pequeño y limitado. También estaba ansiosa por ir porque el Festival me parecía una manera totalmente nueva de acercarme a la literatura y a la vida cultural puertorriqueña. Efectivamente, el primer Festival de la Palabra llegó a ser mi primer encuentro con un mundo literario puertorriqueño que no sabía que existía. 
A medida que voy madurando, asistir al Festival de la Palabra me ayuda a entender el dinamismo y la diversidad de la literatura latinoamericana y puertorriqueña. También he aprendido que Puerto Rico tiene un lugar en el ámbito internacional, idea que no entendía cuando era menor pero que tampoco encuentro que sea común en la mayoría de las mentes puertorriqueñas. Pensar que los puertorriqueños tenemos un lugar importante e concreto en el mundo definitivamente ha marcado como me acerco a mis estudios universitarios en Nueva York: como una puertorriqueña cuyos pensamientos y acciones tienen repercusiones internacionales. Además, gracias al Festival, sé que la literatura puertorriqueña tiene valor y que consiste en mucho más que las obras de tres o cuatro próceres que escribieron hace setenta años (el repertorio estándar que para muchos significa “literatura puertorriqueña”). En cuanto a la literatura en general, por fin entiendo que la literatura es dinámica y trasciende naciones y nacionalidades. 
Estos conceptos no me lo enseñó ni podría enseñarme la escuela; el simple hecho de ser amante de la literatura tampoco lo logra. Sólo un evento como el Festival de la Palabra puede tener ese impacto abarcador en mi vida. 

Patricia Pou Jové, estudiante en Columbia University in the City of New York, Clase 2017